martes, 21 de marzo de 2017

Nueve cincuenta y seis, para tu prisa.




Recuerdo cuando teníamos prisa de que no amaneciera.

La impaciencia de que llegaras con el torso cruzado de gaviotas.
Caer en tu cama a medio día y dormir mientras de los dedos te salían
letras y puntos y comas
y luego a mí, de la boca leche.
Recuerdo esto como si fuera ayer
y confieso:
me muero de prisa de que pase hoy.


No hay comentarios: