
O te lo comes o no lo pides.
Uno parece creer que al olvidar uno olvida que está olvidando, pero no.
El olvido duele como hacerse unas gárgaras de hormigas rojas...
se hace interminable cada trago, las hormigas no acaban de recorrer el esófago, regresan raudas a morder la lengua...los ojos no saben ya pa donde mirar, desean disimular el carnaval venenoso del olvido.
Luego, cuando ya olvidó haber olvidado, uno se encuentra con algo, un olor, un color; cualquier cosa basta...viene de nuevo la sensación de estar olvidando y las hormigas pican de nuevo y los ganglios se inflaman de nuevo y los ojos buscan una vez más el antídoto en el mundo de afuera.
Pinche olvido, vete hasta donde llegues.
