martes, 29 de agosto de 2017

Once veintisiete.


Antes de soltar se aprieta muy fuerte, luego todo se relaja, se expande y alcanza los rincones más silenciosos.
Antes de abrir los ojos estamos viendo lo de adentro de los párpados, lo de adentro de la caja de historias; luego entra la luz y se hacen las formas, los colores y empiezan a definirse las ideas.
Antes de abrir la boca se siente el aliento tibio, dulce, la respiración golpea el paladar, la saliva se recoge en los cachetes, luego mis manos toman tu cara y te doy un beso imaginario, y bato el aire con la lengua mientras nadie ve.
Antes de empezar a oler, galopa la memoria endemoniada desde la panza hasta los senos, cuando llega al cerebro saca una espada o una velo finísimo sembrado de prismas, y cuando tengo suerte me corta la cabeza.
Antes de la ira estoy abierta y luego viene el paradigma, lo que somos, esa idea fija, ese límite de la personalidad, esa representación del mundo.
Quiero ser agua en silencio, derramarme en tu pecho, sin imagen ni concepto, que me respires y equivoquemos la cabeza con los pies con tus manos con mi pelo con tu espalda entre mis piernas, piel baba coño boca suave corta el aire con la punta filosa de la nariz.

martes, 21 de marzo de 2017

Nueve cincuenta y seis, para tu prisa.




Recuerdo cuando teníamos prisa de que no amaneciera.

La impaciencia de que llegaras con el torso cruzado de gaviotas.
Caer en tu cama a medio día y dormir mientras de los dedos te salían
letras y puntos y comas
y luego a mí, de la boca leche.
Recuerdo esto como si fuera ayer
y confieso:
me muero de prisa de que pase hoy.


sábado, 12 de noviembre de 2016

6:45

Va a ser que esta sea una carta de amor
dubitativa e inacabada
Apelaré entonces al sentido del humor
A terminar de pensar en la corrección de lo que escribo
ya ni siquiera miro las palabras
es otro doblez
de luz
en el que
prendo los ojos.

lunes, 31 de octubre de 2016

El diablo blanco.

Sutíl es la llama del diablo blanco
susurra un ahogo de centellas
martillo y alfombra setentas,
naranja y parda,
pero blanca.

Siento su lengua detrás
de la nuca,
su temperatura insípida
y nos fundimos en un espejo.

Diablo, diabólico intento
tecleo de tacones de aguja
escaleras arriba
y el mármol tan blanco
calentándose
con mi sangre tan roja.

Aparece un espacio
machaco vacío, vacío, vacío
anestesia taparabos
boca
las rodillas de gelatina

Un demonio inhalante que
después de atacar
se tira holgazán en la quijada
compulsivo y rencoroso
pero haciendo como que no.

Quiere cortarse otro poquito
con el bracito estirado,
su sangre traslúcida recuerda una
delicada gota de semen.

El rayo de luz lo atraviesa.
Quieres chuparlo, como un bebé
prendido de su teta de leche,
pero es solo un pinche hueso.

El diablo blanco parece agua
pero es de yeso.

sábado, 22 de octubre de 2016

Veintiuno diecinueve.

Hay ganchos disfrazados de mirada.
Sé que existe que dos puedan mirar el mismo invisible
 mientras intercambian silencios en una banqueta.
Sé que uno puede emborracharse de ojos,
besarse de muerte cuando comprende el espacio que lo separa todo.

Sé, con los pelitos del brazo y este húmedo frío que llega a las nalgas, que la vida que interrumpe la muerte, es un beso francés, un inhalar a los otros hasta que el hilo de la saliva se rompe y las pupilas se sequen y llegue la muerte con su manto de estrellas a imponer la santa paz con su edificio de olvidos.

Veintiuno cero tres. Sueño blanco.


Podría ser que nos dejemos sin ver. Mantener la sutil vibración de una cuerda que se imagina. Cada quién en un extremo del mismo arco, vaivén de brea frotada. El cuarto huele a resina y esto se trata de no quemarse nunca, sino de estar siempre calientes.
Dos palomitas carmín, casi azules como piernas bien abiertas para entrar fluidamente o quedarse fuera a retozar en la hierba, que por cierto ahora podo con la máquina de rapar y es delicioso su olor tibio. No te preocupes, he dejado briznas para mordisquear mientras miramos languidecer la tarde.
El intento es no tocarse, desear evocando lo preferido, tal vez podemos intentar un día, tomar un whisky al extremo de una misma barra y mirarnos. Yo llevaría una minifalda de piel negra y tú lo que traigas puesto, de todas formas te lo voy a quitar. No vale una palabra, los requiebros se hacen con el cuerpo. Si te veo casi jadeando le pido al bartender que te ponga una Perrier con rodaja de limón, para que ese día te sepa cítrica la lengua después de conversar conmigo con la barbilla recargada en el pasto.

viernes, 21 de octubre de 2016

Once cincuenta y seis, mantente hambriento.

Se abre la boca al hambre
como se mira al cielo: buscando formar las nubes que mojan la lengua.
Se abren las piernas al nido, a la idea de que amando se niega la muerte.
Probablemente hoy no sea el último de los días.
Se es vivo y se piensa no estarlo.
Ceniza es una palabra de vicio y virtud,
como polvo lo es de muerte y placer.
Mientras, el mundo nos convierte constantemente en futuro.