viernes, 21 de octubre de 2016

Once cincuenta y seis, mantente hambriento.

Se abre la boca al hambre
como se mira al cielo: buscando formar las nubes que mojan la lengua.
Se abren las piernas al nido, a la idea de que amando se niega la muerte.
Probablemente hoy no sea el último de los días.
Se es vivo y se piensa no estarlo.
Ceniza es una palabra de vicio y virtud,
como polvo lo es de muerte y placer.
Mientras, el mundo nos convierte constantemente en futuro.

Once treinta y tres.

El día que me convertí en ausencia fue uno 
en el que sin darme cuenta desaparecí durante una persecución.
Soltaba mi corazón sabueso, dejando que diera brincos detrás de ti.
A veces eras liebre y a veces pato.

El punto es, que en una de esas correrías, 
mi corazón no regresó más.
Se quedó olfateando un rastro de caracol que confundió con manada de estrellas 
sobre la tierra fresca, y no solo te perdió el rastro, 
sino que se extravió por completo.

Me convertí en ausencia por que nunca fuiste buena presa.
Te dejaste atrapar y cada vez resultaste incomible.
Dejó de ser divertido y me convertí en ausencia.
Los límites de mis sueños contigo se borraron y todo  empezó a ser tan real.

La soledad, la inexistencia, la sucesión de días sin mirarnos, y luego,
aquel encuentro diario de sexo sin presencia, terminó el trabajo
y me convertí en ausencia.

A fin de cuentas y mirándolo bien,
¿quién quiere estar presente en tal situación?
Era mucho mejor estar en otro lado, mientras ideaba una catapulta lejos
de ese lugar, en el que cada respiro

me mataba un poco.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Una de estas mañanas

Deshago un nudo grueso
formado por una soga
corrediza casi
de algodón gris.
Sus hebras hermosas
huelen a lana y calor,
sudan otro tiempo
de aferrarse.

Hay horas para el desahogo
a ese llego tarde y desbordada.
Siempre.

Mis manos duermen
en un cuenco invisible,
refrigerante.
Son como de niña madre
y tengo los dedos de las uñas
tan fríos,
que ya no siento nada.

Ha cedido la marea que
incendiaba las olas.
Ahora todo es nube
inundada
y, ha muerto ahogada la ira
que provoca 
lo que se ve y voy
dejando de preguntar
porque al soltar el nudo
el agua me llevará del otro lado.

domingo, 24 de julio de 2016

Alfabeto

Ardiendo bajo cielos de
elegiacas fantasías.
Granas horas iridiscentes,
!jálame, kilómetro!
Lame mi niña ñoña oscuridad
para que rodemos
sin titubeo, unidos
violentos, xilofónicos.
!Ya, zarandéame!

viernes, 26 de febrero de 2016

¿Te gusta mi suéter apretado?

Inicia le lectura en el 0:14" de esta canción: https://www.youtube.com/watch?v=EOXlJfJ-OgA

Mo
loko, mo
loko.

La Beth, bebé

zoom, zoom, zoom
 Tic, tic, tac...

Cliquirikik, clickiriki.

ah ding dong,
-ah ding dong.

Fi, fa, fu
Fun for me.

Dawuah wuah wuah.
A mini, la mini
Mínimo.

Aretetete, arete, té.

King kong

Rythm is a player.

Namaste-té.

martes, 24 de noviembre de 2015

Rosa negra.


Estaba pensando en las rosas negras.
En sus pétalos que
se esperan aterciopelados
pero son más bien seda.

"Las rosas negras"
el preludio del liguero,
se me antojan sin perfume;
eléctricas.

Imagino que mi nombre es
"Rosa Negra", como llamarse
Paloma Gorrión
o Gaviota Pelícano,
tremendo lío de formulario.

Rosa negra, metáfora del coño,
perfume vainilla en vara, tiesa.
Rosa negra, la prima de alguien
que se frota contra la espinas.





miércoles, 29 de julio de 2015

Una treinta y nueve.

Esto
a veces, es
un acantilado profético.

Me creo experta en ver
de lejos el polvo apocalíptico
que nunca llega,
aún si llega.

Estar aquí marea.
Impresiona y paraliza el
miedo de abrir los brazos
y acercar mi nariz a la piel del sol.

Abrazar y mirar arriba,
abrazar y quedarme aquí.
No detenerme, ¿por qué detenerme?
El movimiento no es control
el movimiento no es jauría
moverme es estar aquí.

El mundo no acaba en suposiciones.

Hay pétalos en estas horas
hay raíces en esta flora
y papel secante ternura
entre las páginas de
los libros de fotos
de nuestras hijas.

Esto
a veces, es
una playa y un puente.
Me dejo lamer la orilla
por tu espuma tibia, girando
pelícanos hambrientos del mismo pez
picada de vuelos y remontar de nubes
hasta que empiece la lluvia, y
nos resguardemos juntos
bajo las piedras marinas
o caiga la noche
o lo que pase primero.