lunes, 25 de mayo de 2015

Breve ensueño


Las hebras crecen silenciosas entre incendios.
Con otros y sin nadie, 
éste muelle sigue uniendo las dos orillas del río.
El mundo no conoce fin.
El silencio no conoce el mundo.

Canto quedito hasta que duerma el fuego
y se vuelva humo y luego nube y luego agua.
En mis sueños llueve tibio.
Con mis plumas lleno almohadas
hemos hecho espacio para la luna.

jueves, 25 de septiembre de 2014

22:57

Sí, se llaman corazas y un puñado abre la piel.
Diminutos cortes, casi no sangran, podrías decir que es sudor.
-Sí, son como jaulas.
-Sí, duelen.

Abre el puño y todas se quedan clavadas en las líneas.
- sacude.
Siempre las palmas demasiado rojas.
- como iracundas.

No, no perdona.
En el torbellino (que no línea) entre
la vida de la muerte, si no es que son lo mismo.
Tú.
Tú exilio, tú exilio, tú exilio.
Sonriendo desde ahí. Por lo que sea que haya,
ahí.

Casi fueron,
casi.
Un suspiro
una chaqueta interrumpida
un abrir y cerrar de ojos
- son más.

Ora con el copyright del infierno en la mano.
Ora con un corazón en vías de extinción.

Da mucho lo mismo porque en las corazas
las paredes son aceite.
Huele a pescado y encierro
igual que en la cala de un barco.
Solo en el centro hay centellas congeladas
al momento de ser encendidas;
es un sitio sofocante.

Se puede escribir disparatadamente,
escribir de dolor,
escribir de te fuiste con un send,
con un dos puntos y cierra paréntesis
y la palabra anaconda
en una insinuación de antojo.

Se puso todo y te quitaste.
Como se quita un dulce a un niño,
o jugar a las manitas calientes.
Así;
como arrancarse una cana.
Y ningún pretexto
arregla
el iceberg fría dinamita
encuentro
con el que estoy tratando
de cortar el aire.



jueves, 3 de abril de 2014

22:46


Solo un poema (si es que algo de todo esto tiene algún ritmo) en los cuatro meses que lleva el año.
- Este que parece que no se va a terminar nunca-
Y es que murió mi padre, el único que he tenido.
- Estoy emputada-
Pero eso no hace pasar el tiempo ni hacia adelante ni para atrás.
Pienso en los "ojos oceánicos" del poema de Pablo y me pregunto,
si en ojos así uno va a dejarse los despojos de hija para recibir el consuelo de unas redes.
- Mírame qué solo estoy, ahora que no soy sino ceniza-
Nada se puede decir ante tanta naturalidad, ante toda esa vida que es la muerte.
No hay consuelo, ni literatura en las cajas en las que nos acaban metiendo.
-¿En qué se parecen una urna y una bolsa de aspiradora?-
Todas esas veces que aspiraste tus muebles, todas las escamas de piel muerta que fuiste dejando...
hay mucho más de ti ahí que en la caja que pusimos junto a la de tus padres y tu hermano.
Pero acabarás en el mar, Papá; como tú querías.
Iremos en el barco con tus nietos y un trovador.
Te cantaremos Peregrina y aquella de Paul Anka.
Como si al recuerdo le crecieran orejas,
hablaremos de ti como si escucharas nuestra nostalgia
Y en caso de sentir algo
-En caso de sentir algo-
Tal vez logremos llorar.

Waiting for the night




jueves, 13 de febrero de 2014

Veintidos quince.


Hay que tener nariz.
- Siga su corazón, dicen;
pero insisto:
el olfato es más confiable.

Hay que saber oler la lluvia
antes de que caiga, eso sí
para entonces poder pasar
por bruja.
Hacer vibrar los pelos de las
fosas con cada fibra
de olor a recuerdo escondido
en el elevador de un edificio
en la Colonia del Valle.

Es de suma importancia,
para la supervivencia
saber reconocer el aroma de otro,
en el puño de una camisa,
en la palma de la mano,
bajo el quicio de la puerta.
O esnifar la pólvora
de tinta seca,
de la muerte que se acerca
un olor invisible de sombra.

Cuando has olido la muerte
en la almohada de tu padre,
entonces has aprendido
algo útil,
el olor del hueco que queda,
el vaporoso humor
del nunca más, del jamás.

Aprendes a reconocer
la esencia de lo eterno
-que no es el amor,
sino la muerte-
Y eso se huele sin
mayor trámite.
Así llega el acuse de recibo
hasta la nariz;
ese olor que coloreaba
la infancia
que ha dejado el mundo
y te ha ganado la carrera
por  más de una nariz
de ventaja.



lunes, 16 de diciembre de 2013

Diecinueve treinta y tres. Lux.


El compás sin importar la métrica
siendo lo que se repite
un círculo.
Los números son
referencia.
El carbón sisea la forma de
lo que arde en forma de
pensamiento de
cualquier forma
y la placenta un órgano
susceptible a la calcificación.

Tengo de vientre ahora una
luna
o soy satélite de mi propia
sangre
que es la suya.

Las espirales no se explican
por naturaleza se
viaja en ellas, se
construye en ellas, se
comprende algo
cuando se observan.

ADN mi amor,
hidrógeno inflando estas
tetas de nuevo
oxígeno quemando
amor
lo nuestro, a quien
ahora mismo se le forman uñas,
nitrógeno de:
- Papi dame una galleta
de ojos
y un color indecible
para remojar mi sueño
en la
leche de mamá.




jueves, 24 de octubre de 2013

Celofán. Doce cincuenta y uno.


Como cuando a la transparencia le salen manos que acarician demasiado fuerte el cuello de la naturalidad. Se adquiere un sentido de regla, de recto, consentido y figurado. Abrir todo, compartir todo, aunque no quieras, porque amar es así, brutal y de chipi chipi. Si lo tuyo son los ángulos rectos, aléjate de esta práctica. Las curvas no tienen fin, así se inventan las espirales, y ni siquiera son eso, son otra cosa, nadie sabe cómo se llaman las estructuras del amor. Si te sacaras el capricho de la idea del individuo, entonces sentirías. Si no quisieras poseer todas las cosas bonitas, solo porque te imaginas que lo que metes a tu cama aumenta tu belleza, entonces comprenderías lo que es arder en cámara lenta.
La justicia no es para los amantes, no hay nada más lejos del amor. Y de todo lo que puede jugar a ser alguien en una relación amorosa, ya sea novia, amiga, esposa, cama de una vez, canción o poema, yo prefiero siempre ser la amante; porque me gusta lo fundamental. La que ama, la que se saca la piel para usarla de lo que haga falta. Lo hago con furia y ternura, lo hago aterrada, y es el miedo el que me empuja hasta el otro lado. Se tensan mis arcos, cejas, espalda. Me ensarto en la cornisa del infinito número de abismos que acechan una mañana de concierto, un café o una lavadita de dientes. Soy una poseída hecha ninfa en un abrazo. Nunca soy la mariposa, vivo de gusano, entre la tierra, el semen, la sangre y saliva, muerdo las hojas y tiendo lechos en donde adivino que caerá rendido. Solo quiero asaltarle con el cuerpo, la mirada y contemplar lo sublime de estar cerca en un silencio.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Veintitrés doce.

                                                                                                                            
       
Para Fausto, por el asombro de todos los días.


Nunca se me dio la matemática;
sin embargo,
puedo multiplicarnos.
Olvidé las llaves de las chapas
que ya no quiero abrir
(he pensado coleccionar llaveros
como evidencia de mi estancia en algunos sitios)
y la capital de todos los países africanos.

Recuerdo (procuro) lo que sirve
para contener esto,
de ser esto algo que quepa en
algún lado.

Ese lado puede ser una célula y
luego miles en cuestión de días.

Una idea y luego un nombre
que combine con un rostro
el nuestro en combo,
tus manos, mis pies
una mirada de carbón molido
que baste para dibujarnos
en la palma de la mano,
que acaricia tu barba,
mi espalda,
su cabeza,
mientras tarareo entre sueños,
una canción de cuna.