miércoles, 2 de enero de 2013

martes, 1 de enero de 2013

Lisboa

No cabe duda de que uno se conoce viajando.
Las manías y los tóxicos. El orden reinante, de haberlo.
Las resistencias, espacios y distancias
a veces animales,
siempre en el territorio
demostrando lo que somos
a quién sabe quién.
Aquí empiezan a salir los espejos
y todo eso del juego y las apariciones.
Recurrencias.
Uno puede darse cuenta de la soledad
de otro
contando la cantidad de veces
que repite la misma historia.


lunes, 10 de diciembre de 2012

19:23



Tal vez no volvamos a vernos.
Este es un tramado sin mañana.
Sin flores.
Sin chocolates.
Una presa derramada de aguardiente. 
Huele dulce.
Se oye un “a comer” de moscos casi tan felices como tus párpados
lubricando mis ojos,  adivinando sonrisas.
Me ahogo sin remedio.
Ahora escribo y cada tanto entierro la cara entre los dedos.
Busco el negativo de las hojas de los árboles y me voy de este mundo por un segundo.
La vida es una guerra.
Estamos aquí.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Diecisiete cincuenta y uno.




Te ofrecía otro puesto, voyeur.
Otra silla, otro salón, otro sonido;
una sordera de refri pero debajo de la tarja.

Sentarnos a fumar,
mientras observamos juntos
el sudor que conserva una milagrosa forma de gota
sobre el vello del cóccix de un hombre tumbado boca abajo.
O una mujer
o todas las del mundo.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Catorce cincuenta y siete.


Tomar el aliento y ser
lo que sopla sobre el agua
el frío de arruga líquida
y el calor que corta la quietud
de todo lo que era
como era antes.

lunes, 22 de octubre de 2012

veintidós cuarentaysiete.

Un hilo se desentraña por la comisura de mis ojos y el rabillo de mi boca.
Un hilo de saliva amarga como ala de grillo que se llevan las hormigas,
como pasos húmedos de tu peso y las aspas que no tocan la piel
de tanto toro en pecho ensortijado.

Has escrito sobre los cajones en los que se guardan diarios.
No has dejado huella detrás del crimen,
sigues con la tortura silenciosa
de apuñalar el tiempo con una repetición de sordo.

Hay hojas que por más que soples nunca dejan el cuaderno.
Las alas irónicas se guardan del viento y dejan que se lleve
el techo sobre las cabezas.
El precio de la guillotina es el beso en el cuello tendido,
blanco como el alba de las intenciones
las miradas al futuro y las risas de cocodrilo.

Tu alma de globo de agua,
las ganas de estrellarla contra el pavimento
y en un acto de ternura
quedarme a ver cómo te secas.
No hay nada más tierno que el sol besando al agua y el cemento.











lunes, 1 de octubre de 2012



Hace soles que no escribo nada ni aquí ni en ningún lado.
Me enrolé en un taller de escribir la vida.
No he articulado ni una sola línea al respecto.
Debe ser la nefasta influencia del presente.

El olvido es un naufragio.
Uno se ahoga necesariamente en la ilusión del tiempo.
De la importancia.
Del otro.

Exterior parque en Delegación Iztapalapa.
Frigia Nº 70

Sara baja del auto.
Raúl sale a su encuentro.
Chocan torpemente en un beso apretado
con los pómulos de fuera
y la lengua quién sabe dónde.
Como cerrando los ojos ante una salpicada.
Alberca turbia de ventanas
de fuentes
de monjas que roban perros finos.

El canal de Miramontes en el que incansablemente se perdía Firulais.
Entonces estábamos juntos.
Los 4.
Cada noche Juan Pestañas,
y las metáforas de trapeador.