lunes, 14 de enero de 2013

Veintitrés cincuenta y seis.


El paso pasito
inerte vidita
de verde encumbrada y luego blanco.
Punto y aparte:
la punta puntita del ojo de los relojes crueles,
ciertamente nos la dejarán caer
pero antes, desde la trinchera de la rabia
nos haremos ahoras y silencios.

No se trata de un polvo de banqueta,
si no llueve hasta que vuelvas
los ojos como uvas
reventando,
viviré en el desierto
ajena
y a pesar de la sed
seguiré cantando.


miércoles, 2 de enero de 2013

martes, 1 de enero de 2013

Lisboa

No cabe duda de que uno se conoce viajando.
Las manías y los tóxicos. El orden reinante, de haberlo.
Las resistencias, espacios y distancias
a veces animales,
siempre en el territorio
demostrando lo que somos
a quién sabe quién.
Aquí empiezan a salir los espejos
y todo eso del juego y las apariciones.
Recurrencias.
Uno puede darse cuenta de la soledad
de otro
contando la cantidad de veces
que repite la misma historia.


lunes, 10 de diciembre de 2012

19:23



Tal vez no volvamos a vernos.
Este es un tramado sin mañana.
Sin flores.
Sin chocolates.
Una presa derramada de aguardiente. 
Huele dulce.
Se oye un “a comer” de moscos casi tan felices como tus párpados
lubricando mis ojos,  adivinando sonrisas.
Me ahogo sin remedio.
Ahora escribo y cada tanto entierro la cara entre los dedos.
Busco el negativo de las hojas de los árboles y me voy de este mundo por un segundo.
La vida es una guerra.
Estamos aquí.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Diecisiete cincuenta y uno.




Te ofrecía otro puesto, voyeur.
Otra silla, otro salón, otro sonido;
una sordera de refri pero debajo de la tarja.

Sentarnos a fumar,
mientras observamos juntos
el sudor que conserva una milagrosa forma de gota
sobre el vello del cóccix de un hombre tumbado boca abajo.
O una mujer
o todas las del mundo.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Catorce cincuenta y siete.


Tomar el aliento y ser
lo que sopla sobre el agua
el frío de arruga líquida
y el calor que corta la quietud
de todo lo que era
como era antes.

lunes, 22 de octubre de 2012

veintidós cuarentaysiete.

Un hilo se desentraña por la comisura de mis ojos y el rabillo de mi boca.
Un hilo de saliva amarga como ala de grillo que se llevan las hormigas,
como pasos húmedos de tu peso y las aspas que no tocan la piel
de tanto toro en pecho ensortijado.

Has escrito sobre los cajones en los que se guardan diarios.
No has dejado huella detrás del crimen,
sigues con la tortura silenciosa
de apuñalar el tiempo con una repetición de sordo.

Hay hojas que por más que soples nunca dejan el cuaderno.
Las alas irónicas se guardan del viento y dejan que se lleve
el techo sobre las cabezas.
El precio de la guillotina es el beso en el cuello tendido,
blanco como el alba de las intenciones
las miradas al futuro y las risas de cocodrilo.

Tu alma de globo de agua,
las ganas de estrellarla contra el pavimento
y en un acto de ternura
quedarme a ver cómo te secas.
No hay nada más tierno que el sol besando al agua y el cemento.