jueves, 3 de abril de 2014
22:46
Solo un poema (si es que algo de todo esto tiene algún ritmo) en los cuatro meses que lleva el año.
- Este que parece que no se va a terminar nunca-
Y es que murió mi padre, el único que he tenido.
- Estoy emputada-
Pero eso no hace pasar el tiempo ni hacia adelante ni para atrás.
Pienso en los "ojos oceánicos" del poema de Pablo y me pregunto,
si en ojos así uno va a dejarse los despojos de hija para recibir el consuelo de unas redes.
- Mírame qué solo estoy, ahora que no soy sino ceniza-
Nada se puede decir ante tanta naturalidad, ante toda esa vida que es la muerte.
No hay consuelo, ni literatura en las cajas en las que nos acaban metiendo.
-¿En qué se parecen una urna y una bolsa de aspiradora?-
Todas esas veces que aspiraste tus muebles, todas las escamas de piel muerta que fuiste dejando...
hay mucho más de ti ahí que en la caja que pusimos junto a la de tus padres y tu hermano.
Pero acabarás en el mar, Papá; como tú querías.
Iremos en el barco con tus nietos y un trovador.
Te cantaremos Peregrina y aquella de Paul Anka.
Como si al recuerdo le crecieran orejas,
hablaremos de ti como si escucharas nuestra nostalgia
Y en caso de sentir algo
-En caso de sentir algo-
Tal vez logremos llorar.
Waiting for the night
jueves, 13 de febrero de 2014
Veintidos quince.
- Siga su corazón, dicen;
pero insisto:
el olfato es más confiable.
Hay que saber oler la lluvia
antes de que caiga, eso sí
para entonces poder pasar
por bruja.
Hacer vibrar los pelos de las
fosas con cada fibra
de olor a recuerdo escondido
en el elevador de un edificio
en la Colonia del Valle.
Es de suma importancia,
para la supervivencia
saber reconocer el aroma de otro,
en el puño de una camisa,
en la palma de la mano,
bajo el quicio de la puerta.
O esnifar la pólvora
de tinta seca,
de la muerte que se acerca
un olor invisible de sombra.
Cuando has olido la muerte
en la almohada de tu padre,
entonces has aprendido
algo útil,
el olor del hueco que queda,
el vaporoso humor
del nunca más, del jamás.
Aprendes a reconocer
la esencia de lo eterno
-que no es el amor,
sino la muerte-
Y eso se huele sin
mayor trámite.
Así llega el acuse de recibo
hasta la nariz;
ese olor que coloreaba
la infancia
que ha dejado el mundo
y te ha ganado la carrera
por más de una nariz
de ventaja.
lunes, 16 de diciembre de 2013
Diecinueve treinta y tres. Lux.
El compás sin importar la métrica
siendo lo que se repite
un círculo.
Los números son
referencia.
El carbón sisea la forma de
lo que arde en forma de
pensamiento de
cualquier forma
y la placenta un órgano
susceptible a la calcificación.
Tengo de vientre ahora una
luna
o soy satélite de mi propia
sangre
que es la suya.
Las espirales no se explican
por naturaleza se
viaja en ellas, se
construye en ellas, se
comprende algo
cuando se observan.
ADN mi amor,
hidrógeno inflando estas
tetas de nuevo
oxígeno quemando
amor
lo nuestro, a quien
ahora mismo se le forman uñas,
nitrógeno de:
- Papi dame una galleta
de ojos
y un color indecible
para remojar mi sueño
en la
leche de mamá.
jueves, 24 de octubre de 2013
Celofán. Doce cincuenta y uno.
La justicia no es para los amantes, no hay nada más lejos del amor. Y de todo lo que puede jugar a ser alguien en una relación amorosa, ya sea novia, amiga, esposa, cama de una vez, canción o poema, yo prefiero siempre ser la amante; porque me gusta lo fundamental. La que ama, la que se saca la piel para usarla de lo que haga falta. Lo hago con furia y ternura, lo hago aterrada, y es el miedo el que me empuja hasta el otro lado. Se tensan mis arcos, cejas, espalda. Me ensarto en la cornisa del infinito número de abismos que acechan una mañana de concierto, un café o una lavadita de dientes. Soy una poseída hecha ninfa en un abrazo. Nunca soy la mariposa, vivo de gusano, entre la tierra, el semen, la sangre y saliva, muerdo las hojas y tiendo lechos en donde adivino que caerá rendido. Solo quiero asaltarle con el cuerpo, la mirada y contemplar lo sublime de estar cerca en un silencio.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Veintitrés doce.
Para Fausto, por el asombro de todos los días.
Nunca se me dio la matemática;
sin embargo,
puedo multiplicarnos.
Olvidé las llaves de las chapas
que ya no quiero abrir
(he pensado coleccionar llaveros
como evidencia de mi estancia en algunos sitios)
y la capital de todos los países africanos.
Recuerdo (procuro) lo que sirve
para contener esto,
de ser esto algo que quepa en
algún lado.
Ese lado puede ser una célula y
luego miles en cuestión de días.
Una idea y luego un nombre
que combine con un rostro
el nuestro en combo,
tus manos, mis pies
una mirada de carbón molido
que baste para dibujarnos
en la palma de la mano,
que acaricia tu barba,
mi espalda,
su cabeza,
mientras tarareo entre sueños,
una canción de cuna.
lunes, 26 de agosto de 2013
Como si. Veintidós cuarenta y uno.
Nada
para siempre
en la alberca
de olas inciertas
pero constantes
hasta que la muerte
inegociable
te salve con unos flotis.
lunes, 22 de julio de 2013
Veinticuatro horas. Trece treinta y tres.
A pesar de lo abierto que,
desdentando el cierre,
eres
ese scratch en mi
electrocardiograma.
Un grito roto de domingo
en medio de pestañas
que
baten la tarde.
Rugido hondo en
cámara lenta y pivote.
Tú sabes de qué
hablo,
te paras y dices
-Aquí estoy, perra
pa que me ladres,
perra. -Me quedo, linda...
veinticuatro, mami.
Recibo lo mío y
recupero,
el hilo de la caña
me curo del anzuelo
de lo que se muerde pero no se traga.
Este corazón no se empaña
sigue, claro
pellizcando las razones
se deleita en la ternura
que me baja los calzones.
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